No se trata de controlarla rápido… sino de sostener lo que el niño aún no puede regular.
Cuando una rabieta aparece, no avisa.
Puede ser en casa, en la calle, en un momento incómodo.
Y lo que se siente por dentro suele ser inmediato:
Urgencia
tensión
Miradas externas
Ganas de que pare ya.
Y desde ahí, gritar o castigar parece la única salida.
No porque quieras hacerlo así.
Sino porque no sabes cómo sostenerlo de otra forma en ese momento.
Antes de actuar, entender qué está pasando.
En plena rabieta, tu hijo no está razonando.
No está buscando manipular.
Está desbordado.
Su cuerpo está activado.
Su emoción está alta.
Su capacidad de escuchar o entender… está muy baja.
Por eso, explicar, corregir o exigir en ese instante no suele funcionar.
Acompañar no es permitir todo.
Aquí hay un punto importante:
No gritar ni castigar.
No significa dejar que todo pase.
El límite sigue existiendo.
Pero cambia la forma:
No se impone desde la reacción.
Se sostiene desde la regulación.
Qué hacer en el momento de la rabieta
No hay una fórmula perfecta, pero hay movimientos que ayudan:
1. Baja a tu propio ritmo.
Tu calma no es automática, es una decisión.
Respirar antes de hablar puede cambiarlo todo.
2. Reduce las palabras.
En ese momento, menos es más.
Frases simples, tono suave.
3. Nombra sin juzgar.
“Estás muy molesto”.
“Esto no te gustó”.
No corrige, pero contiene.
4. Mantén el límite si es necesario.
Puedes sostener un “no” sin gritar.
El límite no desaparece, solo cambia el tono.
5. Ofrece cercanía (si el niño la acepta).
A veces quiere contacto.
A veces necesita espacio.
Observar esto es parte del acompañamiento.
Lo que suele empeorar la situación
Hay respuestas que, aunque son comunes, aumentan la intensidad:
- Gritar para que se calme.
- Amenazar o castigar
- Avergonzar (“Todos te están mirando”)
- Intentar razonar en pleno desborde.
No porque seas un mal padre o madre.
Sino porque tú también estás activado.
Después de la rabieta, viene lo importante.
Cuando la intensidad baja…
Ahí sí hay espacio para acompañar de otra forma:
Hablar
Explicar
Poner palabras
Reparar
No durante.
Después.
También necesitas sostén.
Acompañar una rabieta sin gritar no es fácil.
Implica regularte mientras el otro no puede.
Y eso cansa.
Por eso, más que exigirte hacerlo perfecto…
Puede ayudarte mirarlo como proceso.
Pequeños pasos reales
No necesitas cambiar todo hoy.
Puedes empezar con algo simple:
- Pausar antes de reaccionar.
- Bajar el tono aunque el niño lo suba.
- Sostener el límite sin gritar.
- Darte permiso de hacerlo imperfecto.
🌿 Guía gratuita: 5 pasos en momentos de crisis
Hemos preparado una guía que incluye:
- Qué hacer durante una rabieta, paso a paso
- Frases simples para esos momentos.
- Recordatorios para sostener sin desbordarte.
📥 Descarga la guía para acompañar rabietas.
Un apoyo para cuando más lo necesitas.
Para cerrar
Tu hijo no necesita que controles la rabieta, perfecto.
Necesita algo más humano:
Un adulto que, incluso en medio del caos…
Intenté sostener sin hacer daño.
Y tal vez no se trata de no gritar nunca.
Tal vez se trata de algo más real:
Aprender, poco a poco, a acompañar sin perderte en el intento. 🌿
Y. Vargas. 💬💖
