¿Alguna vez has visto a un niño concentrado construyendo una torre de bloques, fingiendo ser un veterinario con sus peluches, o inventando reglas para un juego que solo ellos entienden? Tal vez pensaste: “Está perdiendo el tiempo”. Pero la neurociencia nos dice lo contrario: el juego es el trabajo más serio del cerebro infantil.
Desde el nacimiento hasta los 12 años (¡y más allá!), el juego no solo entretiene: estructura circuitos neuronales, integra emociones, desarrolla empatía y fortalece la resiliencia. El Dr. Sergio Pellis, neurocientífico especializado en juego animal y humano, lo define así: “El juego es la palestra donde el cerebro ensaya la vida real sin riesgo”.
🧠 ¿Qué pasa en el cerebro cuando juega?
- La corteza prefrontal (responsable de la toma de decisiones) se activa al negociar roles: “Yo soy el médico, tú el paciente… pero ¡tú puedes curarme después!”
- El sistema límbico (emociones) se regula al simular situaciones estresantes (monstruos bajo la cama, separaciones) en un entorno seguro.
- Las conexiones entre hemisferios se fortalecen al combinar movimiento, lenguaje, creatividad y estrategia.
Ejemplo real: En una guardería de Montevideo que eliminó los recreos estructurados y dio 90 minutos diarios de juego libre, los conflictos entre pares disminuyeron un 40% en 3 meses. ¿Por qué? Porque los niños ensayaron resolver disputas por los juguetes… antes de que se volvieran crisis.

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